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HERNANDEZ

 

Dijo Hegel que los filósofos ahora deberían ocuparse mucho de los periódicos. Y este sagaz enunciado se compagina muy bien con la mediología y sus formas, sucedidas entre el fin de la revolución industrial y el comienzo de una modernidad sin bordes y plena de imprecisiones. Pero llena también y por lo mismo de información y comunicación. Del ideal omnicomprensivo de que los medios lo dicen todo se pasó rápidamente a la convicción contraria de que los medios no dicen nada. No informan y no comunican. Pero, entonces, ¿cómo sabemos lo que pasa? ¿Cómo llenar de contenido una exigencia para analizar conceptos como «Violencia» y «Civilidad» en un mundo de guerras y de vicisitudes contrarias y complementarias para arribar a un sistema mundo, como se ha dicho? Haciendo un poco de arqueología cotidiana podemos decir que los periódicos de archivo y las vicisitudes inocultables de la violencia en un momento y un lugar determinado, nos proporcionan elementos de análisis sobre las dificultades inherentes a los dos conceptos desarrollados en la obra de Balibar, a que hacemos referencia: Violencia (crueldad) y Civilidad.

Escogeremos un estado-nación, Colombia, y una década de años decisiva: 1945-1955. El país es uno entre los treinta y tantos surgidos al tiempo con la revolución comercial al concierto de Occidente. Hijos y herederos de ése occidente, añoran la complejidad de los dos mil quinientos años de filosofía y entusiasmos variados religiosos y morales desarrollados en el Asia lejana y en Oriente medio y cuyo trono se disputan hoy los templos católicos y las iglesias evangélicas.

Una geografía desconocida en sentido íntimo por los conquistadores es al mismo tiempo referencia de resistencia entre los oprimidos. Las teorías sobre las razones del desarrollo social para el caso de Colombia incluyen estudios franceses (Alain Touraine), norteamericano (Daniel Bushnell o Michael Taussig) y obras literarias como La Vorágine y Cien Años de Soledad. Un desarrollo consentido, o impuesto, un desarrollo desigual o incluyente, una guerra civil o conflicto interno, ya sabemos que no es lo mismo; en fin, los sociólogos y los historiadores han fatigado volúmenes de explicaciones. Ahora se habla de fin de la guerra y el inicio de la construcción de la paz.

Cuando el modelo desarrollista ha logrado imponer una visión y una misión -no compartida en ningún caso por la sociedad en pleno-, se busca una construcción de paz haciendo una negociación con los violentos como si estos fueran un obstáculo a esa visión.

¿En qué términos y con qué sistema de diferencias nos enfrentamos para definir la inscripción de este proceso en el momento que vive la sociedad colombiana? Algunos momentos históricos que animan esta hipótesis: habría habido un esbozo de civilidad que fue abortado en esos momentos por esos episodios y/o ese intento fallido de civilidad vuelve como ¿máscara? ahora en la década del 2010.

En el periódico que había fundado el líder asesinado, bajo la dirección de un poeta, se ve y podremos verlo aquí, hoy, el esfuerzo por mantener el ritmo de una visión civil que hiciera cara dura y melancolía de denuncia a lo sucedido.

Vamos a intentar una exploración utilizando el periódico que sobrevivió a la muerte de Gaitán por unos meses más y que sostenía una comunidad letrada y urbana pero descentralizada [1]. El periódico durará apenas unos meses más. Los remedios caseros, las oportunidades laborales y el sector servicios, incipiente pero marcadamente próspero; al lado de esto están visibles los despliegues noticiosos de una vida civilizada, con un florecimiento de las noticias del entretenimiento, todo enmarcado por un fuerte seguimiento a la situación geopolítica mundial. Es el mes de la fundación de la Universidad de los Andes en Bogotá [2].

De los ejemplos más sobresalientes de aportaciones a la crítica marxista por un no marxista, emerge Los espectros de Marx, de Derrida. Este libro lleva un largo subtítulo y en su tesitura descubrimos un elemento clave: de lo que se trata es de descubrir la presencia de la virtualidad, de la ontología del espectro, de la hauntología, de la lucha desmedida que Shakespeare descubriría entre la frase de los scholars y la presencia lejana pero indudable al fondo de la terraza del padre de Hamlet. Y su visera que le permite hablar y ver sin ser visto. Esta presencia fantasmal será según Derrida lo más destacable de los elementos de la obra de Marx. Hay una página citada por Derrida sobre el surgimiento del valor de cambio como una «alquimia loca». Gepenst y Spuk.

Es el desplazamiento fantasmal de la política del responsable de partido a los medios de comunicación lo más interesante para nosotros. El político es una marioneta de los medios. Alguien mueve las cuerdas tras la escena y la escena no es la actualidad, los hechos emergentes, ni la virtualidad los hechos posibles o imposibles, sino la artefactualidad. Tal vez nadie con tanta sagaz ingenuidad había denunciado que el emperador está desnudo pero que es un espectro. La tela que lo cubre es virtual pero él así mismo lo es.

 

Manuel Hernández, Diciembre 25 de 2013

El Guavio

 

NOTAS
[1] Ver el periódico Jornada del mes de noviembre de 1948.
[2] Ver Manuel Hernández, Metonimias y Antinomias, 2007.

 

 


(RE)PENSER L’EXIL N°5 > A PROPOSITO DEL EXPECTRO DE MARX EN COLOMBIA, Manuel HERNANDEZ, poeta, Bogota

Exil, Création Philosophique et Politique
Repenser l'Exil dans la Citoyenneté Contemporaine

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