MIGRACION. OCCUPAR NUEVOS ESPACIOS EN TERRITORIOS DESCONOCIDOS

Janine PUGET, Argentina 

Migración y traslado

Migración es un término desde el cual se abren numerosas líneas de investigación, las que seguramente se verán reflejados en los enfoques de cada uno de los participantes de esta aventura.

Propongo pensar que migración es un término que acota el de traslado y le agrega el significado de expulsión y en muchas circunstancias de un traslado forzoso. Ello imprime una marca, en general dolorosa, y expone al sujeto a lo desconocido-no-conocido y en consecuencia incierto. Puede tratarse de una expulsión porque el contexto social se ha vuelto hostil o porque supuestamente ya no contiene al sujeto que se auto-expulsa. Esto último suele ocurrir cuando un mayor desarrollo intelectual o económico lleva a que la red inicial no contenga más a un sujeto y éste sale de su contexto de origen. La red inicial es homologable al lecho de Procusto: ya no tiene cabida en aquel. De donde vuelve a aparecer el significado de traslado forzoso.

El traslado-migración es imaginado acorde a una representación espacial donde el acento está puesto en general en la identidad nacional o a veces tan solo regional si ésta se realiza de un barrio o de una ciudad a otra.

Dado que la migración agrega a traslado los sentimientos y vivencias que corresponden a la expulsión, ello acarrea un sufrimiento específico con sus diferentes efectos en la mente. Una de ellos es la fragilización de las estructuras afectivas y espaciales lo que suscita la idea que es necesario o perentorio hacerse-construirse-alojarse en un nuevo lugar que debe o tiene la obligación de recibirlo. Si bien habitar tiene siempre un componente de inestabilidad desmentido por la cotidianeidad, en una migración es preponderante el sufrimiento por la toma de conciencia de una nueva inestabilidad: la del nuevo hábitat. En consecuencia es factible que se agregue al ″ir habitando″ cualidades dolorosas o terroríficas. La vivencia es de pérdida no compensada por el nuevo hábitat. El nuevo lugar aparece altamente idealizado o denigrado. Este par: denigración e idealización seguirá imperando a lo largo del recorrido del proceso de emigración mientras este término siga evocando en la mente algún tipo de sufrimiento.

El término traslado remite también a la problemática que depende de la activación de una capacidad de decisión al exponer al sujeto ante la necesidad de hacerse un lugar en espacios desconocidos y haber sido determinado también por una decisión: la de irse.

En una migración se compara. En un traslado se averiguan las nuevas condiciones.

Un paciente que había sido nombrado por una empresa extranjera para ocupar un lugar en la Argentina decía que le gustaba este tipo de experiencia porque iba conociendo nuevos lugares sabiendo que luego volvería a su país de origen. Esto era vivido como traslado. Mientras que no he tenido en la consulta ningún emigrado que planteara las cosas en esos términos.

Otra forma de traslado es el de las aves migratorias. ¿Cabe para ellas el término traslado o emigración? ¿Las expulsa el frío o el calor o sea condiciones climáticas? Si bien ello es cierto, en la medida en que van y vuelven a los mismos lugares es probable que el extrañamiento no forme parte de la experiencia. Corresponde este traslado a una experiencia circular, en un tiempo también circular, que es el tiempo de un Chronos mítico, solo fragmentado por algún evento que para las aves sería un cambio climático.

Suele disminuir el sufrimiento saber que se puede volver al lugar dejado, lo que no sucede por ejemplo en ciertos contextos políticos o cuando el sujeto ha cambiado mucho su modalidad de inserción social. De todas maneras la idea de volver contiene una renegación dado que las condiciones cambian y es imposible visualizar lo que se ha dejado con los mismos ojos que cuando se lo conoció. Volver se piensa en el contexto de un tiempo reversible que en psicoanálisis está contenido en conceptos tales como regresión, identificaciones primarias, Edipo temprano etc. y de alguna manera sigue siendo una ilusión sobre todo si se piensa la vida como un constante devenir.

Si bien se supone ilusoriamente que la pertenencia a un espacio tiene cierto grado de fijeza, la tal fijeza es solo imaginaria. Las aves migratorias serían un ejemplo de ello dado que son capaces de crear su pertenencia en los lugares en los que están. Van donde mejor estar. Ello se parece más a una experiencia emparentada con el nomadismo.

Espacios de subjetivación

Se trate de migración o de traslado son situaciones que se originan en el espacio transubjetivo, el de la constitución de la subjetividad social, donde estos términos adquieren significado. Y dado que en general los psicoanalistas suelen pensar el espacio transubjetivo como una mera prolongación del espacio intrasubjetivo, ello acarrea una dificultad en muchos textos en cuanto a ubicarse adecuadamente en la especificidad de las producciones subjetivas correspondientes a dicho espacio. Es así como conceptos asociados a la emigración tal como desarraigo suelen relacionarse únicamente con una vivencia corporal de amputación o lesión o como desprendimiento de la estructura familiar o como lo dice Evelyne Granjon (1989) la pérdida de la envoltura corporal y cultural. Lo mismo para ″extrañar″ que se asocia con una vivencia de despersonalización y de desamparo. La pérdida es pensada como de la madre patria etc… y a partir de este modelo se lo trabaja analíticamente. Los sufrimientos se leen en clave de duelo y cuando se recurre solo a este tipo de interpretaciones, puede llegar a ser reduccionista.

Convendría pensar que la migración se inscribe simultáneamente en los espacios transubjetivos, intersubjetivos e intrasubjetivos. En cada uno de ellos habrá que descubrir los efectos que le corresponden y la particularidad del habitar el cuerpo, el espacio vincular y el espacio social o también la repercusión que sobre el cuerpo, sobre el vínculo de pareja y familia y sobre la subjetividad social tiene una migración. Ocupar nuevos lugares en el espacio trans, producir nuevas formas de convivencia en el espacio inter, y reorganizar el espacio intra en un interjuego en el que también se crearán nuevos personajes son algunas de las problemáticas con las que nos tenemos que enfrentar ante una problemática como ésta. A ello se agrega el tener que conocer los efectos que se producen en los demás espacios cuando sucede algo en el espacio transubjetivo. Cuando digo efectos no pienso que se deba trabajar dentro de un lineamiento causal y culposo, sino tal solo saber que algo que pasa en A producirá efectos en B. Es de alguna manera invertir lo que se suele hacer en psicoanálisis.

Sufrimiento social

En la medida en la que he asociado la necesidad de migrar con algún tipo de sufrimiento, cabe precisar lo que entiendo por sufrimiento social. Este puede ser el motor de una emigración y además el ocupar un nuevo determina también un nuevo sufrimiento social cuando el sujeto adquiere la nueva denominación de emigrante en sus diversas calificaciones.

Si el sufrimiento es la expresión manifiesta de un dolor intransmisible en palabras, el sufrimiento social asociado a migración, conlleva la marca de un dolor provocado por la imposición desde un afuera, a veces inasible y muchas veces anónimo, de condiciones de vida que solo conducen a una lenta o brusca des-subjetivación de un sujeto o de un conjunto de sujetos o incluso a exilarse dentro de su mismo país o región. Anónimo es pensado aquí como equivalente a la imposibilidad de establecer un diálogo con un otro u otros que pueda hacerse cargo de modificar la situación. ″Es el país, son las condiciones, es la situación… etc.”… serían las frases que dan cuenta de este tipo de anonimato. Abarca un universo ligado a imágenes penosas, a carencias e impotencias, a la devastación de las redes vinculares y de pertenencia, a la pérdida o cambios bruscos de ideales, al desconcierto e incertidumbre que se traduce como inquietud, perplejidad y sentimiento de pertenecer a un mundo devastado de algunas de sus condiciones básicas y al exilarse se agrega la pérdida del lenguaje de la infancia que es el de la familia y del país, etc.… Suele irrumpir el malestar causado por un sentimiento de injusticia o cuando se trata de luchas ideológicas de derrota o sea que de alguna manera el eje ético ha perdido su significado ordenador.

En síntesis, el sufrimiento adviene cuando se visualiza que el conjunto propone o expone a un exceso de propuestas (exigencias) imposibles de procesar, algo así como un exceso de imposición donde se conjugan mensajes autoritarios, la alteración de las reglas conocidas que ocasionan un sentimiento de malestar difícil de soportar a punto tal de quedar el sujeto desconcertado, anulado o paralizado, en la capacidad de reaccionar, de hacer, pensar, decidir.

Interviene también para la producción de este tipo de sufrimiento un exceso des contradicciones o mociones encontradas las que si bien son inherentes y silenciosas a cualquier conjunto, bruscamente pasan a ser manifiestas produciendo impotencia y desconcierto. Frases como ″ las condiciones de vida ya se han vuelto intolerables″, “Leer los periódicos me vuelve loco”, “El mundo es hostil y está cada vez peor” corresponden a este exceso en sus diversas modulaciones.

Como consecuencia subyace la vivencia que se han producido espacios vaciados que adquieren una cualidad terrorífica y amenazante o espacios demasiado llenos (hacinados) también amenazantes.

Se va creando entonces para un conjunto o para un sujeto un estado al cual llamo de indigencia y a ello le corresponde un estado mental causado por haber dejado de valer o hacerse valer ante la ley, y dejar de ser necesario para otros.

Uno de los síntomas o efectos de ese malestar es un eterno pesimismo, lamento, queja, desgano o irascibilidad permanente que se puede traducir en sentimiento de inutilidad o soledad o reproche o por lo contrario un estado beligerante de cierta esterilidad. Ello ubica al sujeto o a los conjuntos en un pasado, algo así como queriendo ″ser″ o queriendo habitar lo que imaginan que les corresponde. Resulta imposible proyectarse en un futuro y el pasado es un ancla resistencial.

Otras manifestaciones frecuentes a raíz de una emigración son inherentes a la lógica de los duelos vividos a través del cuerpo como enfermedades psicosomáticas. Una paciente empezó a sentir vértigos frecuentes que la llevaron incluso a limitarse en sus actividades por temor a caerse. Y pudimos ir relacionándolo con una vivencia muy dolorosa de no saber como ″pararse″ en ese nuevo país.

No es, por cierto, la única manifestación ya que a ello hay que agregar la frecuencia de conflictos de pareja o familia que llevan a rupturas o diversas alteraciones, etc.

Varios analistas han referido que al emigrar y por lo tanto al tener que trasladar su quehacer profesional sin percatarse que estaban en una cultura nueva, tuvieron problemas serios. En realidad no trasladaban sino que actuaban el conflicto de la migración que consiste en conservarse idéntico a sí mismo cualquiera sea el contexto. Yo personalmente he trabajado en distintos países y me doy cuenta que en cada uno soy distinta, tomo en cuenta ciertas pautas culturales ya que necesito ser entendida y establecer un código que es ése y ningún otro.

Salvarse, Salvar la vida, Salvar la familia

Si bien es cierto que olas migratorias hubo en todos los tiempos y continentes, en determinadas épocas suelen producirse con mayor frecuencia y aparecer como tema en la vida cotidiana las migraciones forzadas y violentas. Este fenómeno tiene una relación directa con crisis económica, contiendas ideológicas, movimientos racistas, guerras por lo cual migrar y en este caso emigrar se inviste de la necesidad de salvarse, salvar la vida, salvar la familia. En otras ocasiones la motivación puede ser dada únicamente por un deseo de explorar y descubrir nuevos territorios y experiencias, si bien sobre un trasfondo de “salvarse” de lo que se supone es la mediocridad del propio país. Esto es frecuente hoy para quienes quieren realizar estudios en otros países. Salvarse encubre las dificultades que provienen del permanente devenir. El eje vida-muerte obvia los matices que hacen a la instalación en un nuevo hábitat.

La migración forzada, como ya dije, activa sufrimientos ligados a la expulsión, a un malestar ligado a decisiones forzadas por alguna circunstancia ajena que se impone con un contenido violento. De donde el salvarse se ubica en la ilusión de una búsqueda esperanzada de un otro espacio donde obtener un vivir satisfactorio, tranquilo, dador de una pertenencia en la que no se vislumbran los nuevos conflictos inherentes al habitar un territorio no conocido. Si bien en los casos de migración manifiestamente forzada pareciera no estar en juego el vivir mejor sino tan solo salvarse a cualquier precio, he podido observar que siempre está la ilusión de un futuro a-conflictivo. Y se suele comprobar rápidamente que ese mejor estar es pasajero dando lugar a una tristeza de fondo, un estado cercano al dolor melancólico al hacerse consciente que ″acá no es como allá″ o causar des-estabilizaciones emocionales importantes con repercusión en las familias y parejas. En realidad lo que sucede es que el sufrimiento desmentido por la necesidad de salvarse irrumpe imprevistamente cuando el sujeto o el grupo familiar comienzan a habitar en el nuevo contexto y se enfrentan simultáneamente con los dolores del pasado y los del presente y futuro. Por más que se experimente algún tipo de bienestar en el nuevo territorio, dado que nunca tendrá las cualidades atribuibles al espacio anterior al territorio de origen, la pérdida irreparable de un pasado, la conscientización que la flecha del tiempo impide todo retroceso, empieza a producir sus efectos. Este sufrimiento denuncia la posible desmentida de lo que es el permanente devenir, de la incertidumbre asociada a un presente siempre novedoso y por construir, de experiencias vinculares que tienen un componente intransferible, de que ayer jamás va a ser igual a hoy.

A ello hay que agregar que el verse forzado a adoptar una decisión los componentes persecutorios acompañados de resentimiento, odio, deseo de venganza etc. son frecuentes y mantienen a la mente en un pasado eterno.

En una emigración pareciera sostenerse la esperanza de re-encontrarse con algo conocido y habitual lo que a su vez se torna obstáculo para el descubrimiento de nuevas posibilidades. Tal vez a ello se deba la necesidad de comparar la nueva situación con la anterior que suele hacerse de una manera parcial. Mejor o peor, bueno-malo, lo que hay y lo que no hay. Esta organización binaria es un indicador que se ha eludido otro trabajo psíquico: el que se realiza cuando está en juego la diferencia radical, constitutiva de cualquier vínculo y siempre proveedora de algo novedoso. Tomar contacto con lo que es ajeno tiene que ver con la alteridad del otro, del conjunto en cualquier momento de la vida y ello debiera ser básico en los procesos migratorios.

Migración: diferentes contextos significativos

Cada migración tiene su sello propio y depende de los matices socio-culturales que el contexto y el momento imponen. Se reconocen movimientos migratorios más intensos o por lo menos así aparecen en distintos momentos históricos allá y acá y en este periodo histórico pareciera que se han intensificado. Puede atribuirse a las grandes alteraciones socio-económicas en el mundo, a mayores facilidades para los desplazamientos, a las posibilidades de desarrollo laboral que ofrecen alternativamente diferentes regiones y a las empresas multinacionales que emplean personas que deben radicarse en diferentes países. Y ello por supuesto tiene su repercusión en la clínica ya que encuentro que hoy es un tema que aparece con frecuencia en el material de los pacientes. Ello tiene su origen sea porque el paciente mismo es un emigrante o porque en las generaciones anteriores sus antepasados lo fueron. He visto con frecuencia que las personas que no sienten pertenecer a la generación que tuvo parientes que emigraron manifiestan el deseo de conocer el lugar de donde provienen sus antepasados como si ello les permitiera construir a partir de un efecto de presentación (Puget 2003, Berenstein, 2001), una nueva representación.

El efecto de presentación proviene de la actividad del juicio de presencia y ello tiene relación con tener que “hacer algo con” lo que se presenta. Esto es aquello que aparece en la mente en su pura condición de alteridad y de ajenidad y es irreducible a lo semejante. Un lugar, un otro “se presenta” al sujeto sin que este lo pueda reducir a su propio mundo, ni pueda hacerlo desaparecer en lo que es su alteridad propia. Y ello debe estar en la base de la necesidad de tener la experiencia personal de conocer un lugar que no se puede representar por más fotos o relatos ofrecidos por quienes intentan transformar la vivencia de presentación en vivencia de representación. Hay que ir, ver, tocar, para inscribir este efecto en una representación de lo que se entiende son las raíces del sujeto. Mientras que una representación se constituye sobre una ausencia y consigue reducir la alteridad en mismidad o semejanza, una presentación se construye sobre una presencia.

Otro contexto significativo es el que abarca la problemática de aquellos pacientes que han emigrado de barrio debido a importantes cortes intelectuales y profesionales con sus familias de origen por lo cual compartirán algunas características propias a una emigración. Ya no se trata de cambio de país y de idioma sino tan solo de barrio, de costumbres, de valores etc..

Un paciente nacido en un barrio de escasos recursos económicos, donde vivía con su familia compuesta de varios hermanos y sus padres, todos en una misma habitación, compartiendo el baño con otros habitantes del edificio, habita hoy en un barrio elegante de Buenos Aires. Sus diversos traslados-migración fueron hechos con mucho sufrimiento y desatendiendo ciertos detalles de confort, lo que se transformó en conflicto matrimonial. La esposa no entendía por qué los obligaba a vivir con cierto grado de precariedad en un hábitat que con muy poco se hubiera vuelto confortable. Para más, vivió en diferentes países a los que fue “trasladado” en función de su profesión y allí conoció a la que hoy es su esposa. Ambos de nacionalidades diferentes no tuvieron problemas mientras él era un habitante trasladado y ella un habitante de pleno derecho. En algún momento y nuevamente por razones profesionales, a él lo trasladan a su país de origen y ella pasa a ser una emigrante. Deciden entonces quedarse en este país y él abandona una profesión de mucho porvenir económico y emprende otra organización laboral. La ilusión de su esposa siempre fue la de volver a su país de origen, altamente idealizado por ambos. Los hijos fueron a colegios bilingües a fin de poder ″volver″, según ella, e ″ir″ según él al país ideal. Para este paciente se superponía la conflictiva ideológica debida al corte con los valores de su hábitat de origen y reactivamente sus modalidades de comunicación, o sea sus intercambios con amigos o conocido muchas veces eran las que fueron normales en aquel barrio donde las peleas y enfrentamientos callejeros eran frecuentes. Su educación lo había llevado a adquirir un nivel intelectual sofisticado que le indicaba el camino hacia el país de su esposa. Lo mismo sucedía con sus amistades para quienes por momentos el resultaba un extraño. En ningún lado parecía sentirse cómodo y encontraba la manera de pelearse con frecuencia con personas que él consideraba que le obstruían el camino, por ejemplo cuando manejaba su auto. En muchas ocasiones corrió riesgos importantes al enfrentarse con desconocidos. Una de sus ilusiones era la de vivir en ″otro lugar″, por ejemplo en un pequeño pueblo donde nadie lo molestaría. Había entonces conseguido crearse en su oficina un espacio que consideraba de él pero que permanentemente corría el riesgo de ser invadido por otros colegas que, al no darse cuenta del significado privado que este espacio tenía para mi paciente, creían que se trataba de un espacio público. Dado que era una oficina podían entrar, pero en realidad era el antro que mi paciente consideraba privado. La ilusión de la pareja era que alguno de sus hijos cuando fuera grande, pudiera estudiar en otro país, evidentemente en aquel que siempre figuró como el de la felicidad. Ello se frustró, lo que le ocasionó una gran desilusión.

Migración y hospitalidad

Así fui llevada a homologar la migración con la problemática de la pertenencia, de la ocupación de lugares y espacios que hacen al espacio público, e incluir esta temática en la lógica de la hospitalidad. Tanto Derrida (1997) como Levinás (1971) se vienen ocupando de este tema pero cada uno de ellos se ubica desde otro punto de vista. Derrida plantea la hospitalidad introduciendo así una dimensión política atinente a la constitución vincular. Para este autor el huésped (hostis) puede ser tanto el propio huésped como el anfitrión. Se necesita que ambos sean esperados por el otro. Y en el caso del extranjero-huésped es evidente que no es esperado por el huésped-anfitrión. Mientras que para Levinas la relación con el extranjero, el ajeno, el alter, al tener que ser recibido por el sujeto, anfitrión, este movimiento de recibir introduce la dimensión ética y exige que se constituya un contexto específico en el que ambos, anfitrión y huésped no pierdan su cualidad de tal.

Ello me hizo pensar que el extranjero, el emigrante es siempre un intruso dado que el ciudadano del país no lo desea y no ha requerido su presencia. Y sin embargo su presencia necesariamente, ya en el contexto del pensamiento de Levinas, introduce una dimensión ética, imposible de evitar en cualquier organización humana.

También es cierto que la emigración parece ser una condición que comienza a tener vigencia desde los Estados Nacionales. De todas maneras, sea desde el pensamiento de Derrida, sea desde el de Levinas, la presencia del emigrante siendo una de las figuras del extranjero, requiere que se construya un nuevo espacio en el que el anfitrión y el huésped descubran dos nuevas dimensiones: la política y la ética. Por la presencia del extranjero se construirán nuevas divisiones y espacios de reclusión, nuevos adentro-afuera, y una dimensión ética al tomar conciencia de la existencia del otro, de la alteridad y ajenidad del otro.

Y acá interviene otro factor que es la puesta en actividad de lo que se suele llamar solidaridad, la búsqueda de modos de convivencia en la que ambas partes tengan que ″poner el cuerpo″ o sea renunciar a algo para alojar al otro.

Para que se inicie un proceso de hospitalidad, como lo dice Derrida, hay que hacer un gesto mediante el cual se produzca el encuentro. El extranjero llega con su lengua, a veces con su familia, sus valores, sus ideales. Es pura alteridad y ajenidad para quien habrá de recibirlo. La hospitalidad conlleva la idea que durante este proceso el extranjero-huésped (el emigrante) y anfitrión (el habitante-ciudadano) deberían ser capaces de establecer las pautas del nuevo encuentro. Ello obviamente falla en muchos procesos migratorios.

Mientras la denominación de emigrante siga produciendo una subjetividad propia, ello puede ser rico en cualidades significativas pese a exigir un trabajo especifico. No se trata de perder la condición de anfitrión y huésped sino tan solo de realizar el trabajo que requiere ″hacer algo en común″.

Tal vez este enfoque pueda ayudar a comprender como se van creando hoy los graves problemas que surgen a partir de la problemática de la emigración y que conciernen los extranjeros, según la cual por ejemplo se discuten cuestiones tales como: el derecho de asilo, el status de los indocumentados, las emigraciones ilegales, los odios racistas etc.

El espacio creado para alojar el emigrante-extranjero se inviste con facilidad de cualidades persecutorias para ambos miembros del binomio y ello se torna obstáculo para el proceso de hospitalidad.

He comprobado que se supone que lo que debe hacer un emigrante es rápidamente perder su condición de tal, asimilarse como se piensa en algunos países, olvidarse de su origen y condición y no poder disfrutar de su doble pertenencia y doble cultura. Pareciera que ello solo se sostiene sobre una necesidad de renegar o desmentir una parte del pasado de cada sujeto sin poder capitalizar precisamente lo que aporta la suma de experiencias diferentes. Y para el anfitrión también pareciera que habría una tendencia a desmentir las dificultades inherentes a alojar lo ajeno, o sea realizar el trabajo que consiste en hacer algo en común con otro, o sea con un alter y ajeno. Seguramente muchas organizaciones racistas que se oponen a los extranjeros intentan protegerse de lo que entiendo por trabajo de hospitalidad.

En el espacio creado entre el anfitrión y el huésped las dificultades provienen de la necesariedad-obligación de habitar un espacio común, no preparado para ello y en el cual ambos miembros del mismo no tienen los mismos derechos ante la Ley. Y no solo no tienen los mismos derechos sino que los que pudieran tener semejantes no son conocidos por el extranjero-emigrante. Probablemente una dificultad proviene de la ineludible aparición de lo que implica la diferencia radical, aquella que por un lado sostiene los procesos de subjetivación cualquiera sean pero también aquella que tiende a ser renegada o desmentida al imaginar que lo diferente es semejante.

Propongo entonces que las diversas denominaciones con las cuales se reviste el emigrante no deben perder significado durante el trabajo entre el anfitrión y el huésped, dado que tiene que pasar por las alternativas que se suscitan en función de su condición. En la medida que el trabajo de hospitalidad introduce una dimensión ética es fundamental que se realice para que cada uno de los habitantes pueda hacer valer sus derechos.

Pertenecer a estructuras sólidas y a medios fluidos

Si bien pese a lo que vine proponiendo no siempre migración está asociada a sufrimiento social en muchos casos sin embargo podemos suponer que la idea de migrar está relacionada con el deseo y la ilusión de poder transformar un malestar, un sufrimiento en un mayor bienestar. Conlleva un cuestionamiento de la propia pertenencia a un conjunto y la idea que el malestar depende de las condiciones actuales del espacio ocupado que genera desde un sufrimiento agudo hasta una incomodidad.

Cada sujeto y conjunto de sujetos establece su pertenencia social en espacios –regiones, países- barrios- que como ya mencioné se suponen estables. El modelo que se tiene en la mente proviene del que depende de estructuras cerradas, en las cuales hay límites fijos llamados fronteras y reglas de funcionamiento también estables, conexiones causales que permiten cierto grado de previsibilidad y dan la ilusión de solidez, algún tipo de seguridad en relación con un futuro laboral, etc.. Esta organización estable, cerrada, sólida, consistente fue una representación única para la modernidad.

Empleo la idea de consistencia cuando una relación tiene alguna coherencia y posibilidad de sostenerse con alguna solidez mientras que empleo el concepto de inconsistencia no solo en su sentido mas aceptado que es el de proponer términos contradictorios sino tan solo por no encontrar como sostener una relación causal fija. Esa organización estable es la misma que ocupa los textos de Freud en cuanto a su modelo de aparato psíquico y sobre todo del Inconsciente como una estructura cerrada una vez para siempre y al Edipo como dador de las cualidades inherentes a la sexuación de un sujeto. Es también la que imaginan las parejas y las familias desde modelos que son… un “para siempre”.

El espacio sólido se reviste de cualidades sensoriales variadas y cobra especial valor dado que se lo cree independiente de los avatares del devenir de la subjetividad. Existe a pesar de, sigue estando y forma parte de la física o de las leyes naturales. Si desaparece es por algún cataclismo la mayoría de las veces de orden natural, salvo cuando es la guerra la que arrasó con una parte de las construcciones si bien nunca podrá arrasar con el color del cielo, el olor, el clima, etc… Una persona que vino a la Argentina en un momento especialmente crítico del país, se asombraba y experimentaba placer al comprobar que pese a todo lo que se le dijo que sucedía aquí, las calles, los monumentos, el color del cielo, etc. seguían estando y ello le dio tranquilidad. Lo que ya no era igual era el estado de ánimo de los amigos, de las personas que circulaban por las calles.

Y si bien ello subsiste y en cuanto a la subjetividad social le otorga alguna de sus características, no es ya la única manera de pensar los modos de pertenencia a conjuntos.

A diferencia entonces de la concepción que proviene de una representación de estructuras sólidas, varios autores vienen proponiendo desde distintos contextos científicos y filosóficos la necesidad de pensar en otras constituciones espaciales y subjetivas. Se trata de los espacios pensados como medios líquidos como los fue concibiendo Bauman (2000), o lo fluido como lo fue pensando Lewkowicz (2004a), en los cuales las pertenencias solo depende de lo que los sujetos hacen juntos o sobre arenas movedizas como lo fui pensando (Puget, 2002b). En ellos no se construyen pertenencias transferibles de un espacio a otro dado que la pertenencia es a un vínculo o un conjunto determinado el que a su vez le dará su cualidad a la manera de habitar. La pertenencia la crea el hacer junto con otro, o sea construir lo común. Tampoco se dejan marcas, salvo cuando en algún momento se paraliza momentáneamente el devenir para intentar relatarlo, inscribirlo en la memoria aunque sea parcialmente.

Dos dimensiones de constitución subjetivas para las cuales el concepto de migración adquiere significados propios. En un caso, el clásico, el que migra lo hace perdiendo su pertenencia heredada, vivida como la que le corresponde por derecho según el “jus sole”. Tiene que pasar a ocupar un territorio ajeno, que le es ajeno, y que lo recibirá como ajeno. En el otro caso tendrá que realizar un trabajo siempre nuevo para relacionarse con otros sujetos de acuerdo a la nueva situación y de esta manera adquirir el sentimiento de pertenencia a unidades menores.

El saberse ocupando espacios fluidos activa lo que llamo el Principio Inconsciente de Incertidumbre (Puget, 2002a) que parafraseando el Principio de Indeterminación de Heisemberg (1927) es el que da cuenta de la regularidad de lo imprevisible. Considero a dicho principio en su status ontológico para la constitución de un vínculo a lo cual se agregan incertidumbres que considero situacionales, históricas o sea que cada época y cada región generan sus propias cualidades de incertidumbres. De la activación de dicho Principio provienen los diferentes matices de incerteza, inquietud, perplejidad, intranquilidad, durante una emigración.

Arenas movedizas

Es probable entonces que la experiencia migratoria tome su peculiar fuerza al destruir una defensa, la que se basa en la certeza del habitar y de un habitar invulnerable inherente al habitar estable hasta ahora. La incerteza desmentida aparece con más crudeza. Borges, tal vez combatiendo la representación clásica de un habitar sólido dice que nada se construye sobre la piedra, todo sobre arena, pero nuestro deber es construir como si fuera piedra la arena pero Ignacio Lewkowicz disintiendo con Borges se pregunta si no podemos construir como si la arena fuera arena. Yo a mi vez vengo proponiendo que construimos sobre arenas movedizas.

Intentemos entonces incluir en nuestro enfoque las arenas y su defensa la piedra. Y ello tal vez permita entender porque solo en la migración incluso dentro de un mismo país y a veces ciudad se activa aquel sufrimiento particular que tiene características reconocibles ligadas a la pérdida de la ilusoria seguridad que da un espacio sólido. Un vértigo, un lamento por lo perdido, una extrañeza, un desconcierto, etc… y un enfrentamiento permanente con la ajenidad de lo desconocido. Entonces aquí se produce una oscilación entre diferentes líneas teóricas. Lo que activa el desamparo originario y la castración por un lado y por otro el sufrimiento por el descubrimiento del sentimiento de extranjeridad inherente a cada sujeto, la aparición de la inquietud producida por la inconsistencia de cualquier situación que la permanencia en un mismo espacio permite desmentir.

Trauma y acontecimiento

En consecuencia de las diferentes alternativas que vengo planteando propongo que la migración abarca dos dimensiones psíquicas: la de trauma y la de acontecimiento. O se trata de un desalojo (una desorganización) o se trata de un extrañamiento por ocupar un espacio nuevo y encontrarse con una nueva dimensión temporal.

Dentro del lineamiento del trauma es clásico pensar que la situación actual reactiva en un après coup viejos traumas originarios. Una migración, cualquiera sea la circunstancia que la ha determinado produce un plus de estímulos, un exceso, difíciles de metabolizar por lo cual quedaría inscrito como trauma. Se pone bruscamente de manifiesto la existencia de valores opuestos y se incrementa la desconfianza, la dispersión, la indiferencia o nuevas ubicaciones en base a ideologías claras. La situación traumática absorbe lo novedoso en su cualidad creativa y por lo tanto disminuye momentáneamente el potencial subjetivante que permitiría construir un mundo cada vez más aventurero.

Dentro del lineamiento del acontecimiento, ya es necesario introducir la idea de una ruptura en el tiempo por la aparición de algo novedoso, no conocido que instituye un nuevo antes y después. En lógica de acontecimiento, se ponen de relieve los conflictos inherentes a la discontinuidad ubicando al sujeto en una situación nueva para la cual no tiene referente. En esta lógica la defensa es intentar conservar referentes anteriores.

Lewkovicz (2004) señaló que esta noción de acontecimiento en tanto ruptura corresponde a estructuras sólidas y a una temporalidad lineal. Y propuso pensar en otra noción de acontecimiento más propia a la subjetividad en la fluidez, que es la que proviene de encuentros casuales, inesperados a partir de los cuales se construye una nueva historia que no necesariamente tiene que ver con la anterior de cada sujeto por separado. Lo que he venido diciendo en relación con los dos conceptos de hospitalidad se insertan en el acontecimiento y en la fluidez. En otro plano es posible que el acto de emigrar sea vivido como un acontecimiento cuando se encuentre con hechos o vivencias que aparecen productores de novedad pero ya no sería el emigrar solo sino la posibilidad de aceptar tener experiencias nuevas. En este caso habrá pérdida de un pasado lineal y posibilidad de relatar una historia que se inicia a partir de aquel quiebre.

Épocas

Cada época tiene sus propios emigrantes. Quienes a principio de siglo vinieron de Europa a hacerse la América, quienes durante el nazismo buscaron asilo en otros países, o quienes durante la dictadura se tuvieron que ir o evaluaron que se tenían que ir o quienes hoy emigran por condiciones económicas deficientes.

Recordemos a Freud emigrado en Inglaterra y en la cantidad de analistas europeos que se fueron a instalar en América del Norte y del Sur en la época de la segunda guerra mundial y del nazismo. Sin duda habría que revisar profundamente si ello produjo diferentes psicoanálisis o si al llegar a un lugar se produjo una especial alquimia y adaptación al espacio transubjetivo.

No se hace el mismo psicoanálisis en todos los países pero para mi esto tiene que ver con la influencia de la cultura sobre el pensamiento.

Y para terminar

He encarado la problemática del emigrante dentro del contexto del permanente devenir, del sufrimiento al descubrir “en carne propia” que ningún habitar es “para siempre”, que el ser humano sólo se constituye como tal en relación a algunos otros a partir de los cuales se afirma su propio sí mismo. Y como lo diría Levinas, que estos otros pueden tomar distintos rostros para el devenir subjetivo: el rostro del semejante, con su ambigüedad fundamental de odio y amor, el rostro del prójimo, con su marca de diferencia y de enigma, el rostro del amigo, del enemigo, del hermano. Y además el ser humano constituye su pertenencia entre paredes y sobre suelos a los que cree definitivamente sólidos, estables y sobre arenas en las que sus pisadas se desvanecen con el viento. Nuestros emigrantes de hoy han creado una nueva cultura y es probable que aun no nos demos cuenta de la magnitud de los problemas que ello suscita.

BIBLIOGRAFÍA

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Levinas E. 1971 “Totalité et infini”. Essai sur l’extériorité”. Pág. 74. Brodard et Taupin. Francia. 1994.

Lewkowicz I. Conferencia en el Departamento de Familia y Pareja de APDEBA, marzo 2004, 2004a Pensar sin Estado. La subjetividad en la era de la fluidez. Ed. Paidós, Buenos Aires. 2004

Puget J. 2002a Qué difícil es pensar. Incertidumbre y perplejidad, Revista Psicoanálisis APdeBA, Dolor Social, Mayo 2002. Pág. 129-146.
2002b Diálogo sobre arenas movedizas. No sé que va a pasar… no sé qué me va a pasar. Encuentro Interdisciplinario rioplatense. Perplejidad e incertidumbre en el hombre contemporáneo. AUDEP, Uruguay.

Janine Puget, psicoanalista, Miembro Titular de APdeBA y de la As. Arg te Psicoterapia de Grupo, AAPPDdeG, Argentina.

Hostis en latin reune el sentido de extranjero en tanto huésped: el inviado y el extranejero- enemigo público, enemigo del país. Es difícil diferenciar el huésped, el enemigo, el extranjero.

Esto me fue comentado por Edgardo Castro que supone que en el medioevo no existía esta figura. Había invasores, nómades pero no emigrantes.

Principio de indeterminación de Heisemberg (1927) establece que es imposible realizar una determinación exacta y simultanea de la posición y del momento (masa, tiempo, velocidad) de un cuerpo. Cuanto mas exacta fuera una de las determinaciones menos exacta seria la otra y las indeterminaciones e ambas al multiplicarlas, conducirían a un valor aproximadamente igual al de la constante de Planck (Enciclopedia Biográfica de Ciencia y Tecnología, Isaac Asimov)

Exil, Création Philosophique et Politique
Repenser l'Exil dans la Citoyenneté Contemporaine

Programme du Collège International de Philosophie (CIPh), Paris
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