PRÉCÉDENT   |   SOMMAIRE   |   SUIVANT
sanchez

 

 

El exilio, podríamos decir no sin un poco de perplejidad, ha perfeccionado su tragedia en estos tiempos en los que asistimos con pavor al espectáculo de masas y diásporas enteras, de hombres y mujeres, razas y estratos, etnias e híbridos, excluidos y excluidas, allí y allá, en busca de una patria, de una tierra siempre en promesa. Pensar el exilio a la luz de la obra de la colombiana Helena Araújo, nos lleva de vuelta a un tema que no dejar de ser eterno material y fuente para una literatura que se nutre de esa ausencia esencial de que habla el exiliado. El contrapunto, como lo indica Edward Said en sus Reflexiones sobre el exilio [1], es la manera cómo funciona la percepción del exiliado. Igual que en la música, de donde toma en verdad prestado el término Said, dos ritmos, dos acordes o dos melodías suceden simultáneamente; dos realidades que se enfrentan a un mismo tiempo, diríamos en el caso del exiliado. La obra de Araújo en este sentido contrapuntea desde su realidad y presente en Suiza y su pasado y ficción desde la Colombia que dejó voluntariamente hace ya más de tres décadas. Escritura femenina y auto-ficción, tema y técnica, se ven atravesados por el hilo conductor del exilio que la colombiana ha sorteado con una carga de humor e ironía a la postre liberadora, en una obra que bien vale la pena rescatar en estos tiempos de exilio y exilios.

 

 

Dice Pablo Montoya en un artículo sobre Julio Cortázar que: «Era en París, además, donde esta nueva literatura se comprendía mejor a sí misma, y comprendía mejor, eso se ha dicho hasta el cansancio en los manuales de literatura, al agobiado y festivo, al melancólico y escandaloso, al pisoteado y siempre esperanzado continente latinoamericano».[2] Parece sugerir Montoya que la consciencia de la propia escritura y sobre el país de origen se revalora o se altera al entrar en contacto con un afuera, ese afuera que en el caso de Cortázar y en general los escritores del boom, fue París. ¿Estarías tú de acuerdo con esto? y de ser así ¿ha sido Suiza el «París» de tu escritura y cómo ves a Colombia desde allí?

H.A. El París de mi escritura, la fuente a la que se refiere Pablo Montoya, implica la elaboración de mi libertad como mujer. Dentro de esa libertad, Colombia significa a la vez un pasado y un presente: un pasado que me nutre y un presente que me construye –al construir mi escritura. Sabemos que «la creación es ese sitio al que se llega con trabajo, con desgaste, con vida, pero también con el deseo de dejarse guiar por las fuerzas que trascienden al ser, que se acercan a esos estados de conciencia que lo superan…» [3].

El escritor colombiano Óscar Collazos, autor entre otros de los libros El exilio y la culpa y Las trampas del exilio, sugiere más o menos en estos textos que «el extranjero mistifica el pasado haciéndolo más luminoso» [4]. Por el contrario, al leer tu obra, lo que uno como lector ve es un mundo poco luminoso. ¿Qué es el pasado para ti o cómo intentas bordearlo en tu escritura?

H.A. Cuando me citas a escritores como Collazos, los presiento ajenos al feminismo, así me una a ellos una gran amistad. Verdad, mi pasado mujeril resulta poco luminoso en las evocaciones de una Helena Araújo que buscaba desde siempre maneras de ser libre. En la ponencia que dedica Paloma Pérez Sastre al VI Encuentro de Escritoras Colombianas (Cartagena de Indias, mayo 2009), me cita afirmando que «es en el mundo subjetivo donde se hallan las claves de la personalidad: al contemplar un fenómeno a partir de la subjetividad, intervienen factores que pueden modificar nuestra percepción de las cosas.» [5] Betty Osorio anota en otra ponencia que «la textualidad se compromete con una poética íntima que se adentra en las sutilezas de la conciencia; en estos textos las voces narrativas se van construyendo en el mismo juego de la enunciación.» [6]

Collazos señala además que una de las razones por las cuales decide volver a Colombia después de un largo exilio en Europa, fue la necesidad de un contacto directo con la realidad del país. «Se me estaban congelando los mitos y la memoria de Colombia era ya difusa», dice. En tu caso resulta inevitable preguntarte ¿por qué decides irrevocablemente no volver a Colombia? ¿Y si crees que es posible seguir escribiendo sobre algo que sólo alimenta la memoria?

H.A. Sí, sí, creo que precisamente el hecho de no volver a Colombia alimenta mi imaginación y mi memoria. ¿Por qué se exilia un escritor, una escritora? Quizás le inspira el proyecto de un «viaje iniciático», de una aventura existencial. O quizás la decisión de superar conflictos y situaciones insolubles. Refiriéndose a su vida en Chile, Gabriela Mistral solía decir que se había sentido forzada a «mascar piedras» con sus «encías de mujer». Ella, como muchas antes que ella y muchas después, pagaría cara su vocación literaria. En Latinoamérica, en Colombia, el proceso de acondicionamiento −aún en el siglo XX− principiaba desde la infancia: el régimen patriarcal y religioso nos enfrentaba a la disyuntiva de obedecer y someternos o sufrir las consecuencias en forma de castigo. Debíamos elegir entre pagar el precio de la rebeldía o soportar el peso de la opresión. ¿El precio o el peso? La solución podía ser nefasta. En vez de describir la encrucijada en que nos hallamos muchas, prefiero referirme a un exilio interior, síquico, que dificultaba nuestro acceso a la escritura. Como mujer, como autora, es tiempo de que me pregunte: esa tierra donde se me censuraba constantemente, ¿era acaso la mía? Sobra decir que mi elección sólo me concernía a mí. Una elección irreversible. Y que me llevaría sucesivamente de un exilio a otro –sólo que el segundo implicaría un proyecto existencial [7]. Naturalmente, estos temas los discuto a menudo con colegas que como yo, están fuera del país. Como ellos y ellas creo que el conocimiento vivencial de diversas culturas contribuye a cierta evolución. A la protesta o a la compasión debe seguir la autocrítica. La hora del tono mesiánico y la consigna ideológica ha pasado: somos, apenas, trabajadoras y trabajadores de la cultura. Al integrarnos a otros contextos podemos evocar con distancia lo que dejamos atrás: entonces, paradójicamente nos reconocemos. Sí, sí, hay vivencia en el sondeo de códigos y contrastes, vivencia en itinerarios textuales o semánticos. Finalmente, la tarea se puede cumplir en común, con angustia a veces, pero también con entusiasmo; buscando siempre esa tierra prometida, que como dijo Carpentier, cada persona lleva dentro de sí misma.

Dice Juan Gelman [8], hablando de un cierto tono místico que atraviesa su poesía, que: «fue una relectura en el exilio de los místicos españoles y de los cabalistas, es decir, los místicos judíos, y también de Hildergade de Bingen, Meister Eckhart, las beguinas Hadewicj» lo que permitió esencialmente un perspectiva distinta de todo. «Los leí de otra manera porque estaba en el destierro, sintiendo en ellos, como en mí, la presencia ausente de lo amado: Dios para ellos y para mí los compañeros caídos, mi hijo, los desaparecidos, mi país.» ¿Habría en tu caso algún tipo de lecturas (o relecturas) o ciertos autores que pudiéramos decir han marcado tu exilio o han definido el sentimiento de estar en el exilio? ¿Se lee, se ve todo distinto desde el exilio?

H.A. Recuerdo haber descubierto latinoamericanas superdotadas en la época aciaga de las dictaduras del Cono Sur. La solidaridad la imponían desde México autoras como Glantz y Poniatowska. La vivenciaban exiliadas o militantes como las chilenas Ana Vásquez y Lucía Guerra, las argentinas Angélica Gorodisher, Luisa Valenzuela y Griselda Gámbaro, la uruguaya Cristina Peri Rossi. Sus itinerarios del exilio, autobiográfico o ficcionalizado, me remitían a mis dilemas frente a la compulsión de la escritura. Bueno, aquí me pregunto una vez más si los escritores no somos exiliados de todos modos. Y me pregunto dónde está nuestro reino. Creo que la condición del escritor es la de ser exiliado. Llevo más de 30 años lejos de Colombia y sin embargo es como si viviera en el país. Continuamente estoy allí estando afuera. Claro, paralelamente, sé que si viviera en Bogotá me sentiría de otra parte. «Tengo un espíritu errabundo» [9]. En su libro Filosofía Nómada, Freddy Téllez cita a Camus con respecto a un absurdo del que extrae tres consecuencias, su rebelión, su libertad y su pasión, agregando finalmente: «Es el ser humano, racional por definición, quien concede o niega la racionalidad a lo que no es él, a lo que lo supera».[10]

Eduardo Hurtado dice que el exiliado vive «en una realidad que se afantasma, en esa provincia flotante de la que habla Julio Ramos; una posibilidad de resistir es suscitar la aparición (en la memoria, en el poema) de las cosas que se han quedado lejos. El libro es, en gran medida, la resuelta y apasionada tentativa de consumar una rara alquimia: aparecer ausencias. Esa tentativa comienza en el recuento memorioso de las pérdidas».[11] ¿Se puede mediante la escritura «aparecer ausencias»? ¿De qué pérdidas da cuenta la escritura de Helena Araújo?

H.A. Sí que se puede mediante la escritura «aparecer ausencias», tal como nos lo enseñó el inagotable Marcel Proust. Dice la escritora argentina María Teresa Andruetto: «mientras siga existiendo en nosotros un estado de interrogación abierto al cuestionamiento para narrar un capítulo de nuestra historia que no está cerrado, habrá cierta garantía de salud para todos nosotros» [12]. Andruetto también se refiere a la diferencia entre el exilio y lo que ella denomina «insilio», que «significa irse hacia adentro de uno mismo». Y agrega: «me interesa especialmente la construcción de la identidad en las mujeres, quiénes somos, de dónde somos, por qué somos de ese modo y no del otro, cuáles son las razones privadas y cuáles las razones sociales, históricas que nos determinaron» [13].

También Eduardo Hurtado, hablando del exilio en Gelman, dice que «el exilio es un territorio confuso donde los ‘otros’, esos seres con raíces, hablan lenguas oscuras: dicen sepá, nienteafato, ferboten. Lenguas que hacen polvo, por más que pueda entenderlas, el mundo íntimo del desterrado» [14]. Me gustaría saber ¿de qué manera y hasta qué punto «tu mundo íntimo» de desterrada se ha visto vulnerado −de modo positivo o negativo− por el contacto con el inglés, el francés y el alemán?

H.A. Bueno, si durante mi juventud el español constituía una autoridad patriarcal y dogmática, el inglés, el francés y el alemán implicaban una salida hacia la libertad. El inglés lo principié a aprender en el Brasil, donde mi padre ejerció un cargo diplomático siendo yo aún preadolescente. Posiblemente, mi devoción por textos aprendidos, comprendidos y recitados en inglés me infundió un fervor por las letras que habría de intensificarse durante etapas académicas y universitarias. En fin, debo agregar que tanto el inglés como el francés y luego el alemán, me fascinaban en su dimensión semántica y poética. Abordarlos era abordar a Milton, Spenser, Byron, Musset, Victor Hugo, Valéry y los aún más cautivadores Schiller, Goethe o Hölderlin. Milagrosamente unos y otros configuraban una dimensión trascendental.

José Gaos [15] para definir la condición de muchos españoles que emigraron a México con la Guerra Civil imaginó el término «transtierro», es decir, la integración sin reservas a la «patria de destino». Quisiera en este sentido preguntarte si en tu caso ha ocurrido ese transtierro, es decir esa «integración sin reservas» a Suiza, tu patria de destino.

H.A. Por Dios, tal vez para definir el «transtierro» a que se refería José Gaos en cuanto a la integración a «la patria del destino», podría citar apartes de un texto enviado al VI Encuentro de Escritoras Colombianas (2009) sobre mi «país de asilo», como llamo yo a Suiza…

«Digamos que luego de unos años alternando traducciones, lecciones y publicaciones, pude arriesgarme a iniciar un ensayo sobre poetas colombianas y enviarlo a Ginebra a un Concurso de la ONU en que resulté ganadora. Virgen Santa, esos años ochenta fueron los del Premio Platero y los de la electrizante entrevista que logré hacerle a Max Frisch. Luego −¿cómo olvidarlo?− ya para finales del siglo vino la fecha bendita: 1998. En ese año, a los extranjeros nos tradujeron por separado y nos invitaron a un pabellón de Frankfurt con la élite internacional. ¿Cómo olvidar esa mañana paseando por esa Feria con la bella poeta helvética José-Flore Tappy? Fue tan venturoso aquel día como la famosa Jornada en la no menos famosa ciudad suiza de Solothurn, donde nos pidieron a todos y a todas que leyéramos lo que quisiéramos y nos pusimos tan alegres que nos hicimos aplaudir. Finalmente, ya entrado el milenio (primavera del 2005), sucedió lo inesperado, un broche de oro, verdad. O sea que el muy sacro Consejo Municipal de Lausana distribuyó invitaciones para venir una anoche al Ayuntamiento de la ciudad y oír hablar a la suscrita sobre sus peripecias de escritora en su amado país de origen y su amado país de asilo. ¡Qué velada fue aquella! ¡No la puedo olvidar!» [16]

En su libro de ensayos sobre poesía española contemporánea Luis Cernuda dedica uno de dichos ensayos a la poetisa gallega Rosalía de Castro, en donde sugiere que el exiguo reconocimiento a su nombre se debe esencialmente al hecho de que Rosalía haya escrito la mayor parte de su obra en gallego, exhibiendo así una antipatía por el castellano y un fervor regionalista que a la postre la marginó. Ella a su vez parece indicar lo contrario, ni regionalismo gallego ni hacia el castellano, sino un sentimiento de exilio cuando dice, refiriéndose a los inmigrantes gallegos como aquellos «para quienes no hay sitio en la hostigada patria.» [17] Se me ocurre entonces preguntarte si crees que es posible un exilio lingüístico, y si en tu caso, has sentido el deseo de escribir en otra lengua distinta al Español.

H.A. Verdad, en mi caso no creo que se trate de Exilio Lingüístico sino de Libertad Lingüística. De niña, tal vez por el intenso aprendizaje del inglés, escribí inicialmente en esa lengua. Mi primera novela, titulada Misfit (Desadaptada) la envié a editoriales norteamericanas. ¿Confesarlo? Si no pudieron hallarle valor comercial por lo menos elogiaron mi estilo como «vivid and beautiful». Sin embargo, me aconsejaron cambiar de registro y ejercerme en la lengua materna. ¿Qué hacer? Afortunadamente, ya para esa época, empecé a conocer y a leer colegas anglófilos o galicistas. En mi primer libro de relatos (La « M » de las moscas), un adolescente que evoca en Ginebra a su novia gringa, halla su propio idioma sentimental. En fin, a esos dilemas del bilingüismo se refiere hoy la argentina Esther Andradi con respecto a la antología Vivir en otra lengua… Dice Andradi: «La gran mayoría de los autores y autoras de diversos países latinoamericanos radicados en una lengua diferente a la que escriben, viven entre dos aguas buscando reconocimiento en el país de origen, destinatario de sus ficciones» [18].

Santiago Espinosa en su ensayo «Álvaro Mutis. Epifanías de la lluvia» dice que «el exilio es un corte forzado […] mientras la vida verdadera ocurre en otra parte. Es otra forma de la muerte», y acota en este sentido aquella idea de Said según la cual «el exilio es como la muerte, pero sin la promesa de un descanso hacia el final» [19]. ¿Sobre qué esperanza descansa tu vida en el exilio si has decido no volver nunca a Colombia?

H.A. Bueno, yo no creo que mi ausencia de Colombia me haga menos colombiana. Aquí en Suiza tanto yo como mi familia y mis colegas, nos sentimos involucrados en la situación social y política del país. Y bueno, además de proyectos y realizaciones profesionales o familiares nos interesan los grupos de solidaridad que han formado compatriotas y colegas suizos. ¿Cómo no celebrar, por ejemplo, la venida de Socorro Ramírez en mayo de este año, invitada por una célebre profesora suiza? Si en los años setenta, como estadista y catedrática nos visitó para informarnos sobre el Estatuto de Seguridad del Gobierno, ahora viajó para participar en un Coloquio organizado por el Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Lausana: todo un evento internacional con delegados de varios países. Fue emocionante escuchar a Socorro Ramírez disertando sobre el actual conflicto colombo-ecuatoriano. ¡No acabábamos de aplaudirla y felicitarla!

Armando Romero al reflexionar sobre tu exilio radical e irreversible me ha planteado una perspectiva que me resulta ingeniosa e interesante. Dice más o menos Romero que tu exilio no es de un país sino de una clase social. Es decir, que tu distancia en verdad no es con Colombia, país que permanece evocado a lo largo de toda tu obra, sino con esa clase social que en tu obra aparece representada con una carga muy fuerte de ironía. Valdría recordar aquí que la esencia de la ironía es la de destruir. ¿Qué piensas de todo esto?

H.A. Caramba, ese gran poeta que es Armando Romero, ese valeroso intelectual, me ha leído con atención. Es verdad que yo no lidio con ironía a quien se ejerce contra la injusticia social sino a quien se regodea en su casta y en su jerarquía. Con respecto a mis itinerarios, creo haber leído alguna vez en Hannah Arendt que el ser realizado pertenece al pasado. ¿Confesarlo? Pese a mi edad, no me considero una persona realizada sino una persona en proyecto de realización. Y me place pensar que ese proyecto principió a cristalizarse desde mi infancia de niña bogotana. Sí, sí, se fue cristalizando como referente negativo porque desde entonces me sentía incómoda en el rol que se me asignaba. Algo en mí rechazaba la integración a lo que solía denominarse «gente bien». Desde chica me sustraía y me rebelaba; luego me ayudarían los libros y los viajes. Más adelante y con respecto a la intelectualidad capitalina, intentaría señalar una tradición que erigía el lenguaje como privilegio de clase, conservando las peores manías retóricas y académicas de la «Atenas Suramericana» [20]. Así lo han comentado colegas como Carmiña Navia al reconocer en mi primera novela «un intercambio discursivo que plantea una ventana hacia una realidad social en descomposición» [21]. A su vez, Selen Arango Rodríguez presenta el discurso satírico de mis relatos como una risa «que se ha fugado de los lugares donde suceden las historias, sean académicos, universitarios, literarios, científicos o periodísticos» [22]. Finalmente, Luz Mary Giraldo me presenta como la narradora «que sabe meter el dedo en la llaga y señalar las fisuras de una sociedad tradicional y una cultura anquilosada donde hay cosas oscuras, secretos ocultos y situaciones irresueltas» [23].

Sugiere Said en su libro en el que hace una larga reflexión sobre el exilio, que el nuevo mundo del exiliado es un mundo artificial en el que la falta de realidad se torna en ficción. Georg Lukács, en este mismo sentido, en su Theory of the Novel, argumenta que la novela es una forma literaria creada por fuera de la irrealidad de ambición y fantasía, forma de una «trascendental homelessness». ¿Crees que tus personajes son esencialmente personajes que nacen de esa ficción que refiere Said y de esa forma de trascendental intemperie de Lukács?

H.A. Como lo ha dicho Sylvia Saítta, «los tópicos de la literatura del exilio son el viaje inverso del descendiente de los emigrantes, la búsqueda del sitio del origen y el interrogante sobre la identidad, la experiencia de la diferencia» [24]. No es mi caso. Mi exilio se involucra sobre todo en la escritura. A esto agreguemos lo que opina María Clemencia Sánchez al revelar que en mis narraciones estoy «dentro y fuera de los hechos», y que en mí «la escritura es voluntad de nombrar un mundo fenecido, el que se pierde con el exilio, pero que se transforma por la mera voluntad de la escritura.» [25] Finalmente, «el texto se constituye no como una pintura de la realidad sino como una realidad que existe en tanto se ficcionaliza».

Tú has hablado de tu obra como de una obra de auto ficción. En este sentido, tú misma como personaje de tus obras, ¿has tenido esa sensación de «trascendental homelessness», has sentido que el mundo en el que vives es un mundo de ficción?

H.A. ¿Por qué no admitir que desde niña me había sentido desarraigada? Quizás intenté convertir ese desarraigo en condición real, asumiéndolo. Eso, un desarraigo a la vez aceptado y disimulado. Un desarraigo involucrado en mi misma capacidad de expresión. De todos modos, como escritora debía adaptarme a un lenguaje de factura masculina, que me resultaba a la vez falseado y castrador. De ahí el rechazo a «sentirme» en español, cuando principié a escribir en la adolescencia. Fatalmente, intentaría el inglés, y continuaría buscando códigos que me llevaran a una semiótica propia.

Emilia, Elsa Arango, Elisa Ayala, Zana Carlota, Celia Robledo son algunas de las mujeres que has sido o anhelas ser en tus novelas y cuentos. Ellas son a un mismo tiempo tú y tus alter ego. Estos personajes tienen en común el ser interlocutoras de ellas mismas y entre todas han creado un diálogo que, sin embargo, parece dejar en el aire, en una especie de interregno, el lugar real desde donde hablan. ¿Son ellas/tú una diáspora, un no-país? ¿Cuál es la patria de estas mujeres?

H.A. Pasan los años y sigo vacilando entre poetizar y politizar… [26] Sobre la diáspora, sobre el no-país, sobre una imaginaria patria post-modernista, te confesaré lo que dice Freddy Téllez, autor de Filosofía Nómada: «creo que el exilio se nuclea alrededor de un fondo oculto, de cosas que no queremos aceptar del todo y que no podemos ‘pensar’ de alguna manera» [27].

María Clemencia SANCHEZ, University of Cicinnati

 

 

NOTAS
[1] Edward Said, Reflexiones sobre el exilio, Barcelona, Debate, 2005
[2] Pablo Montoya, « Julio Cortázar y la revolución », Revista Universidad Eafit, 152.
[3] 3 Yohainna Abdala Mesa, El Devenir de la Creación: Marvel Moreno: Escritura, Memoria, Tiempo, Ministerio de la Cultura, República de Colombia, 2004, 11.
[4] En entrevista para la revista virtual Confabulación (129, 2010).
[5] Paloma Pérez Sastre, « De Elisa a Carlota: la insistente rebeldía », Memorias del VI Encuentro de Escritoras Colombianas, Cartagena, Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer, 2009, 6-11.
[6] Betty Osorio. « Cuerpo y literatura: Helena Araújo ensayista », Memorias del VI Encuentro de Escritoras Colombianas, Cartagena, Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer, 2009, 24-33.
[7] Paloma Pérez Sastre y Claudia Ivonne Giraldo, « ¿Cómo hallar esa palabra que soy yo misma? », Revista de la Universidad de Antioquia, 280, 68-82.
[8] En entrevista con José Ángel Leyva, La Otra Gaceta (37, 2010).
[9] Helena Araújo y Freddy Téllez, « El dandismo proletario en la literatura », Gaceta, 34, 43.
[10] Freddy Téllez, Filosofía Nómada, Itinerarios, Medellín, Hombre Nuevo Editores, 2008, 30.
[11] Eduardo Hurtado, « Escribir el exilio », La Otra Gaceta, 37.
[12] María Teresa Andruetto, « Entrevista », Hispamérica, 114, 64.
[13] Íbid., 72.
[14] Eduardo Hurtado, « Escribir el exilio ». La Otra Gaceta, 37.
[15] Citado por Hurtado, art. cit.
[16] Helena Araújo, « ¿Venirme a Suiza? », El Tiempo, Lecturas fin de semana, 29 de mayo de 2009, p. 25.
[17] Luis Cernuda, Estudios sobre poesía española contemporánea, Madrid, Ediciones Guadarrama, 1957.
[18] Esther Andradi, Vivir en otra lengua, literatura latinoamericana escrita en Europa (Antología), Alcalá Grupo Editorial, 2010, 8.
[19] Santiago Espinosa, (2010). « Álvaro Mutis. Epifanías de la lluvia ». Círculo de poesía, 26. Disponible en: http://circulodepoesia.com/nueva/2010/04/alvaro-mutis-epifanias-de-la-lluvia/.
[20] Norberto Gimelfarb, « Entrevista a Helena Araújo », Hispamérica, 70, 45.
[21] Carmiña Navia Velasco, « Helena Araújo: la crítica, la narradora », Memorias del VI Encuentro de Escritoras Colombianas, Cartagena, Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer, 2009, 12-23.
[22] Selen Arango Rodríguez, « La risa fugada », disponible en la revista virtual Aurora Boreal: http://www.auroraboreal.net/index.php?option=com_content&view=article&id=343:la-risa-fugada-&catid=86:libros&Itemid=266
[23] Luz Mary Giraldo, « Prólogo », Helena Araújo, Esposa Fugada y Otros Cuentos viajeros, Medellín, Hombre Nuevo Editores, 2009.
[24] Sylvia Saítta, « Cruzando la frontera: la literatura argentina entre exilios y migraciones », Hispamérica, 106, 26.
[25] María Clemencia Sánchez. La « M » de las Moscas de Helena Araújo: Interregno o Exilio. Independent Study, Universidad de Cincinnati, Invierno 2009, p. 5 (inédito).
[26] Ver Paloma Pérez Sastre y Claudia Ivonne Giraldo, art. cit., 68-82.
[27] Helena Araújo y Freddy Téllez, art. cit., 46.

 

 


(RE)PENSER L’EXIL N°5 > EXILIO ENTREVISTA A HELENA ARAÚJO, María Clemencia SANCHEZ, University of Cicinnati

Exil, Création Philosophique et Politique
Repenser l'Exil dans la Citoyenneté Contemporaine

Programme du Collège International de Philosophie (CIPh), Paris
© 2010-2017